Volver a la torre

Poema en verso

La Gárgola

Antes de que el alba dorada se proyecte y queme mis ojos ígneos y diamantinos, antes de que el aire quebrante las ventanas y la canción de las aves inunde el aire debo quitar mi mueca asqueada e implorar por mi inmerecida expiación. Aún tengo su carne entre mis uñas y en mi vientre un vacío anidado, producido por un vértigo de miedo que me aplasta por la culpa del asesinato. Su cuerpo yace entre sillones marchitos mientras retornan, perfumados, recuerdos lentos de su rostro hermoso y cuerpo bello mientras aterrada mira mi cara marmórea. Condenada por mi codicia y mi ego herido, su error fue viajar a un pueblo antiguo donde todavía las estatuas escuchamos y nos movemos, y nos enamoramos. Donde aún la ciencia no llega a las callejuelas, donde en las plazas aún vagan espectros, donde hay gritos opacos y siniestros y donde su voz era una embelesadora sinfonía. Aquí, en esa casa vieja y sombría estoy yo, aún vivo, antes del amanecer, viendo el cuerpo inmóvil de alma errante que se va tornando verde y horripilante. ¡Sólo necesitaba que me dijera que sí! Que me amaba sin condiciones; pero se espantó al primer vistazo. ¡Debo salir de aquí de inmediato! Debo llegar al techo antes que el sol, debo moverme ahora que puedo. ¡Debo trepar y ponerme en posición! debo huir antes que me descubran y me destrocen a punta de martillo y cincel.

FIN