Ella, consciente de su belleza, declamó lo siguiente: "Soy hermosa, tanto que abordo todo el mal, al punto que el sacerdote perfuma sus sábanas al tener mi rostro en su pensamiento. Vuelvo a todos los hombres ignorantes sólo con mis encantos superficiales. Solos, exhalan un olor a fracaso con su mirada de azur sobre mis caderas, vacíos de pensamientos en sus ojos bellos mezclados con metal a causa de sus penas. Camino con cabeza bamboleante como si paseara en una góndola, recibiendo la atención ardorosa de almas vacías de esperanzas. Y, asesina, llena de estíos y otoños, aplasto con amabilidad fingida deseos efímeros rompiendo orgullos de hombres pobres y ricos y causando lágrimas en infinitos números. Rompo el vuelo de halcones con sonrisas de brea mirando al cielo como si fuera una diosa, hirviendo vivos a los infames profetas de una sociedad incrédula de inteligencia, saturando mi olfato de olores mezclados con resina y almizcle, horrendo para mis sentidos pero rebosantes en los cuerpos de los mortales".