De vez en cuando se debe encadenar a la mente, pues puede volverse un enemigo terrible, igual que la Muerte que suplica por una vela o un dolor amplio como onda sublime. Los pensamientos se vuelven afilados como una espada que no se ablanda, y asfixia el débil cuerpo con espasmos como ahogado en su sangre coagulada. Contempla el negro futuro como espejo de frutos verdes, podridos y amargos, distorsionando la realidad de la vida con una ansiedad de ojos cerrados. ¡No dejes que la mente se convierta en una bestia repleta de miedos! Respira hondo y empotra la cabeza entre unos hombros firmes y pétreos. ¡No pienses mil veces en dar el paso! Apaga el Diablo con potente decisión. Que la mente retire los dedos lánguidos que llenan las metas de confusión.