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Poema en verso

El Campanario

En lo alto de un campanario tenebroso y abandonado, Rebosante de telas de arañas y suelos empolvados, En un recinto, miedoso y frío como un glacial, Lúgubres velas emitían y brillo rojo e infernal.

Sobre un tálamo silencioso como los que el tiempo desgarra, Una hermosa mujer descansaba, esbelta y mimada, Como el gato que ronronea a los pies de una reina, O las flores dulces acariciadas por una bella doncella. Ella permanecía plácidamente de medio lado, Clavando en mí su mirada de ojos almendrados, Mientras orgullosa, arrogante, con calma y sin presura Narraba con voz de arpa sus pérfidas locuras.

- «Tras una mujer astuta va un batallón de hombres como entes, Como maniquíes desesperados por saciar sus placeres. Mas ninguno ha tibiado siquiera mis suaves pies, Ni ha entrado a mi ardoroso corazón alguna vez». Entonces sorbió ávidamente un trago de vino De una copa de oro, como si bebiera sangre de niño, Y en ese momento me hizo entrar a un extraño sopor, Que destrozó todos mis nervios y mi sangre congeló. ¡¿Cómo describir una pesadilla engendrada por el Mal Cuando el interior se agita y se retuerce como un caudal?! En vez de la hermosa mujer de ademanes radiantes, Sobre la cama permanecía un esqueleto de colores acres, Causando un chillido agrio mientras tiritaba de frío Y que de sus cuencas emanaba un horrible humor blanquecino. Permanecía en la misma posición de mi amada, Sentada de lado, cómoda, desdeñosa, aperezada. Y en acto blasfemo arrancóse el corazón de entre las costillas Y con su mano huesuda me lo brindó, como si fuera una amatista. - «Mas a ti me muestro sin velos, príncipe entre las crueles, Prometiéndote con este rubí que a tu lado veré los atardeceres»- Dijo mientras se desmoronaba ante mí como una estatua de ceniza, Dejándome solo entre esas tinieblas que tanto me atemorizan, En silencio en el interior de ese campanario siniestro y embrujado, Que bajo los mares, sólo el infierno su campana ha escuchado.

FIN